Menu
Crisis Refugiados

El olvido de los refugiados por la guerra de Siria

El testimonio de un voluntario en Mitilini.

Hace unas semanas nos visitó Javier Colomer, un joven valenciano que dedica sus vacaciones y su tiempo libre a colaborar en el campo de refugiados de Mitilini, en la isla de Lesbos (Grecia).

Vino a refrescar nuestra memoria, a despertar (otra vez) las conciencias de los que conocimos del caso del pequeño Aylan hace dos años. A mostrar por primera vez a muchos alumnos de la ESO, entonces aún en Primaria, las fotos que conmovieron al mundo entonces y que habíamos desterrado al olvido.

Porque la guerra continúa bastante cerca de donde vivimos. Y familias enteras siguen jugándose la vida en el Mediterráneo. Ese mismo mar, decía Javier, que baña nuestras costas y donde todos nos hemos bañado. Donde nadamos en nuestras vacaciones de verano. Ha habido muchos más niños como Aylan Kurdi.  Javier nos enseñó otras fotos de niños ahogados que nos impresionaron como cuando vimos por primera al pequeño sirio. Por desgracia, también constatamos que la visión de Aylan no nos impacta ya tanto, por la cantidad de veces que nos la han mostrado.

La vida en un campo de refugiados.

Javier nos contó su experiencia de primera mano: nadie se lo ha contado. Todo lo ha visto con sus propios ojos. El campo de refugiados donde prestó sus servicios voluntariamente es un lugar vallado, más parecido a una cárcel que a otra cosa.

Para ponernos en situación, nos recordó que las familias gastan sus ahorros en lanzarse al mar en embarcaciones ilegales y precarias. Muchos no consiguen llegar al lugar de destino, la supuestamente acogedora Europa. Y si llegan, acaban encerrados en los campos de refugiados viviendo en condiciones lamentables. Al llegar casi con lo puesto, no tienen medios económicos y subsisten con lo que se les da. La comida se suministra racionada por familias, lo que desfavorece a los niños que han perdido a sus padres o han llegado solos hasta allí.

Crisis refugiados

Nos contaba este voluntario que los niños sin familia no tienen derecho a una ración de comida. Una crueldad más propia de un campo de concentración que de un campo de refugiados. Pero por suerte muchos de las familias “adoptan” a estos huérfanos y comparten con ellos lo que reciben. De esa forma se privan de una parte de su alimento, pero demuestran su generosidad porque no soportan ver  sufrir a los pequeños.

Una vez dentro, la vida pasa sin aliciente y sin un futuro muy prometedor. Pese a todo lo que se ha dicho, Europa no está acogiendo a los refugiados. Nuestro continente  los ve como una molestia y una amenaza. Javier trajo una grabación (que ponía los pelos de punta) en la que una familia pedía que nos acordáramos de ellos. Que huyen de una guerra y han perdido todo lo que tienen. Y que son musulmanes pero no son terroristas, solo personas honradas que quieren trabajar y tener una vida digna, como antes. Porque, nos recordaban, ellos eran médicos, maestros, abogados. Tenían una vida como la nuestra, con casas llenas de comodidades. La guerra se lo ha arrebatado todo.

Dentro del campo sólo tienen un entretenimiento: un repetidor wifi que restringe convenientemente las noticias que entran y salen del recinto. Lo poco que conservan de sus pertenencias son sus smartphones, que usan como distracción. Como decía Javier, es el opio que adormece a las masas,pero que mantiene una mentira, en cuanto a que se manipula la información. Para que no nos enteremos de los continuos ataques a los derechos humanos que allí suceden.

Crisis refugiados

200.000 niños desaparecidos desde que comenzó la guerra.

Luego habló de los 200.000 niños que han desaparecido y no han llegado nunca a su destino. La cifra se habla en nuestros periódicos y canales de información, y nos cuesta de creer, pero afirma que es una cifra real. Qué habrá sido de todos estos niños, nadie lo sabe.

Nuestros alumnos se mostraron muy impresionados y preguntaron a Javier mucho más de lo que suelen preguntar en las numerosas charlas a las que asisten en el colegio. El vídeo final resultó emocionante y sobrecogedor. A más de uno se nos escaparon las lágrimas.

Toda una lección la de Javier. Un testimonio impresionante. Como conclusión, una sola pregunta: ¿Qué podemos hacer?

Crisis refugiados

 

 

Política de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Search